9 dic. 2010

Barrios de novela



(De Eduardo Criscuolo y Marcelo Benini)

Numerosas obras literarias de autores prestigiosos transcurren en Villa Urquiza, Saavedra y Coghlan. Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Leopoldo Marechal, Ricardo Molinari y Mempo Giardinelli son algunos de los escritores argentinos que ambientaron parte de su obra literaria en las singulares geografías de Villa Urquiza, Saavedra y Coghlan. Este informe reproduce fragmentos de libros conocidos y anécdotas de sus autores.

Nuestros barrios fueron, son y serán frecuentes protagonistas de la literatura argentina. Tal vez su primitiva condición de arrabal o suburbio les confirió un atractivo especial que los escritores nacionales supieron descubrir y luego atesorar en páginas memorables. Villa Urquiza, Saavedra y Coghlan no pasaron inadvertidos y son muchos los ejemplos de su influencia en más de una pluma consagrada. Esta crónica, una suerte de homenaje a quienes retrataron calles y personajes de la zona noreste de la ciudad, no puede iniciarse de otra manera que no sea recordando a uno de los más admirados autores de lengua castellana: Jorge Luis Borges (1899-1986). A mediados de la década del 20 el creador de Ficciones frecuentaba la casa de la familia Lange, en Tronador al 1700. Centro de reuniones literarias, allí se leían poemas y se escuchaba música. Es interesante conocer que Norah Lange, una de las hijas de los dueños de casa y esposa de Oliverio Girondo, recuerda al barrio en Calle de los días y las noches.

LA NOVIA DE BORGES
Volviendo a Borges, en una de sus tantas visitas a la residencia conoció a Concepción Guerrero, una muchacha de 16 años con largas trenzas y grandes ojos oscuros. Se declararon su mutuo amor en las modestas calles que en aquel momento pertenecían a Villa Mazzini. Este barrio, delimitado por las avenidas De los Incas, Alvarez Thomas, Olazábal y Melián, fue cortado en dos por la calle Pampa (hoy La Pampa). La mitad norte fue absorbida por Villa Urquiza y la mitad sur por Villa Ortúzar. La musa de los textos que configuraron Fervor de Buenos Aires (1923), primer libro de poemas de Borges, fue Concepción Guerrero. El académico y poeta Angel Mazzei recuerda que Borges, para verse al atardecer con su amada, salía de Palermo a mediodía y caminaba hasta Villa Urquiza.
Posteriormente Borges viajó a Europa y a su regreso en 1924 Concepción Guerrero, a pesar de haber hablado de casamiento, ya no estaba en su mente. En 1925 publicó Luna de enfrente, libro que incluye una poesía titulada “Patrias”, donde dice: “Quiero la calle huraña / que desgarren la puesta del sol y la salida / Quiero esa calle Plaza que me llevó a la dicha”. Borges se refiere a nuestra calle Plaza, cercana a la casa de la familia Lange, donde se encontraba con su novia urquicense. A propósito de la fluida relación entre Borges y el barrio, en su edición Nº 12 –correspondiente a marzo de 2000–, el periódico El Barrio publicó una nota referida a los dos poemas que el escritor le dedicara a Villa Urquiza. Y en su libro Evaristo Carriego (1930), Borges comenta: “Yo no he sentido el liviano tiempo en Granada, a la sombra de torres cientos de veces más antiguas que las higueras, y sí en Pampa y Triunvirato; inspirado lugar de tejas anglizantes ahora, de hornos humosos de ladrillos hace tres años, de potreros caóticos hace cinco”.

DE ISIDRO PARODI A EMILIO GAUNA
Villa Urquiza vuelve a decir presente en “Las doce figuras del mundo”, uno de los relatos que componen el libro Seis problemas para Don Isidro Parodi (1942). Bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq, Borges incursiona en el género policial junto a su gran amigo Adolfo Bioy Casares (1914-999). La trama sigue los pasos de un detective condenado a 21 años de reclusión por un crimen que no cometió, que desde su celda resuelve los casos más enigmáticos. Uno de sus párrafos habla del barrio: “Sin tan siquiera examinar la página de los deportes, me engolfé en la crónica policial y vi la fotografía del siniestro: a las 0,23 de la madrugada había estallado un incendio de vastas proporciones en la casa-quinta del doctor Abenjaldún, sita en Villa Mazzini [...] A los dos días me vino a visitar un señor muy afable, que me interrogó sobre mi participación en la compra de escobillones y trapos rejilla para la cantina del personal del corralón de la calle Bucarelli; después cambió de tema y habló de las colectividades extranjeras y se interesó especialmente en la siriolibanesa. Prometió, sin mayor seguridad, repetir la visita. Pero no volvió”.
Bioy Casares eligió Saavedra para ambientar El sueño de los héroes, quizá su mejor novela después de La invención de Morel. Escrita en 1954, narra la historia de un grupo de amigos que se involucran en extraños episodios durante los tres días y tres noches del carnaval de 1927. En sus primeras páginas queda definido el escenario donde se desarrolla la historia: “Los amigos se reunían todas las noches en el café Platense, en Iberá y Avenida del Tejar, y, cuando no los acompañaba el doctor Valerga, maestro y modelo de todo ellos, hablaban del fútbol. Sebastián Valerga, hombre parco en palabras y propenso a la afonía, conversaba sobre el turf –‘sobre las palpitantes competencias de los circos de antaño’ –, sobre políticas y sobre coraje. Gauna, de vez en cuando, hubiera comentado los Hudson y los Studebaker, las quinientas millas de Rafaela o el Audax, de Córdoba, pero, como a los otros no les interesaba el tema, debía callarse. Esto le confería una suerte de vida interior. El sábado o domingo veían jugar a Platense. Algunos domingos, si tenían tiempo, pasaban por la casi marmórea confitería Los Argonautas con el pretexto de reírse un poco de las muchachas [...]. Gauna acababa de cumplir veintiún años [...]. Muy chico, había quedado huérfano y unos parientes lo llevaron a Villa Urquiza. Ahí conoció a Larsen: un muchacho de su misma edad, un poco más alto, de pelo rojo. Años después, Larsen se mudó a Saavedra. Gauna siempre había deseado vivir por su cuenta y no deber favores a nadie. Cuando Larsen consiguió trabajo en el taller de Lambruschini, Gauna también se fue a Saavedra y alquiló, a medias con su amigo, una pieza a dos cuadras del parque”.
Hace nueve años Bioy Casares dialogó con el periódico zonal Saavedra al Día (1) y explicó por qué había situado en Saavedra a El sueño de los héroes: “Yo he andado mucho por Buenos Aires y conozco bastantes barrios, a los que solía ir con chicas. Recuerdo que paseando por las quintas me gustó Saavedra y se me ocurrió la historia en esos días que estuve por ahí. Además he tratado de no poner las cosas en mi barrio, porque me parece un juego fácil”, explicaba el más dandy de los escritores.

MARECHAL, MOLINARI Y GIARDINELLI
En su importante novela Adán Buenosayres, Leopoldo Marechal (1900-1970) ubica a ciertos parajes de Villa Urquiza: “Se habían despedido largamente de la ciudad: todos los boliches rústicos de la calle Colodrero, desde la de Triunvirato hasta la de Republiquetas, todos los almacenes rumorosos y las cantinas hospitalarias que ofrecen un mostrador de estaño a la sed y la fatiga del caminante...”. En otro momento se refiere a un inmigrante que hizo plata y escribe: “El gringo debía tener los riñones bien forrados... –¿El? –comentó – Media Villa Urquiza era suya... Y pensar que llegó a Buenos Aires en patas... Sí, unos nacen con estrellas y otros nacemos estrellados...”. Asimismo, en su libro Villa Urquiza. Barrio Centenario 1887-1987, el profesor Diego del Pino –prolífico historiador de nuestra ciudad – hace mención a una nota de Rodolfo Zabala en La Gran Aldea de octubre de 1986, donde se destaca que el poeta Ricardo Molinari (1898-1996), de gran trascendencia en nuestra literatura, vivió su infancia y juventud en Villa Urquiza. Al fallecer sus padres cuidó del futuro poeta su abuela, Bartola Delgado de Molinari, que vivía en Donado 2544.
Mempo Giardinelli (1947) es otro de los autores que rinde tributo a esta parte de Buenos Aires que nos toca de cerca. Este fragmento pertenece a “Un barco anclado en el puerto de Buenos Aires”, relato incluido en sus Cuentos Completos: “Por fin llego a mi casa, mi viejo y pequeño departamento de solitario en la estación Coghlan. Como no tengo las llaves, despierto a Edith, la encargada, y le pido los duplicados, Me recibe sorprendida y, aunque la preocupación se le marca en el rostro, con la inigualable amabilidad de los chilenos del sur me dice que quizá no sea conveniente que yo me quede esa noche en casa: algo muy grave está pasando, aunque no sabe precisar qué. Le digo que acuerdo con ella y que sólo voy a cambiarme las ropas”. El escritor afirma que el barrio influyó en su obra, aunque más lo hizo el Chaco, ámbito natural de su producción literaria. “Coghlan es escenario de no pocas de mis narraciones y de hecho varios de mis cuentos y novelas están fechados expresamente allí. Particularmente, creo que el barrio se ve en varios pasajes de la novela Santo Oficio de la Memoria. Mi revista Puro Cuento fue, en cierto modo, un sinónimo de Coghlan y yo siempre me sentí muy orgulloso de ello. Los lectores sabían que no estábamos en cualquier lado y eso me resultaba muy grato”.
Hasta aquí un somero repaso de escritores y libros que encontraron en Villa Urquiza, Saavedra y Coghlan ribetes literarios.
______
(1) Fue editado por los actuales responsables del periódico El Barrio.
Imagen: Tapa del libro: Estación Coghlan y otros cuentos, de Mempo Giardinelli, Bs, As., 2005.
Material tomado del periódico El Barrio, Nº 22, enero de 2001.