21 dic. 2010

Chassman y Chirolita: El dúo más mentado


(De Marcelo Benini)

El barrio de Coghlan supo hospedar a un vecino ilustre, que durante varias décadas hizo reír a los argentinos mediante el delicioso contrapunto con un muñeco atorrante. Hasta el año 1999, cuando su corazón dijo basta, Ricardo Gamero –conocido con el nombre artístico de Mister Chassman– residía en un departamento de la calle Rómulo Naón al 2700. Había nacido en Zárate, provincia de Buenos Aires, el 25 de mayo de 1938. Tercera generación de linotipistas, trabajó en el diario Crítica, en el Boletín Oficial y en el Congreso Nacional. El oficio de ventrílocuo lo aprendió en el circo del Parque Retiro y a su socio Chirolita, un muñeco de pelo rubio y cachetes colorados, lo creó a comienzos de los años 50 utilizando papel maché. “Cuando tenía 13 años hice un trabajo manual y me salió este ‘monstruito’, con una simple mezcla de papel de diario, harina y agua”, declaró alguna vez Chassman. Artista y muñeco conformaron un exitoso dúo que actuó en “Sábados circulares”, “Sábados de la bondad” y “Domingos para la juventud”, entre otros populares ciclos de televisión. Además de hacer cine y teatro, la famosa pareja recorrió el mundo de habla hispana.

¿QUÉ HACÉS, NEGRO?
El show comenzaba cuando Chirolita, prototipo del porteño desenfadado, saludaba sentado en las rodillas de su creador con la frase “¿Qé hacés, Negro?”. La gracia residía en el antagonismo de ambos personajes: Chassman era un señor elegante, de lenguaje refinado, que fumaba con estilo mientras intentaba educar al pequeño pícaro y disuadirlo de hacer chistes fáciles. Aunque existe el mito infundado de que los ventrílocuos hablan con el vientre, Gamero reconocía que su secreto consistía en mover poco los labios y disimularlo con su cigarrillo. Durante 46 años concurrió con el muñeco a toda clase de escenarios y, según cuentan los testigos de aquellas antológicas presentaciones, tenía armarios llenos de trajes: un modelo para él y otra copia idéntica, pero diminuta, para Chirolita.
La sociedad entre ventrílocuo y muñeco atravesó momentos dramáticos, como cuando en los años 70 Chirolita fue secuestrado y debió pagarse un rescate en el Monumento a los Españoles. En otra oportunidad el maletín que lo guardaba fue robado del auto de Gamero, quien horas más tarde recibió un llamado telefónico. “Nos equivocamos, Chassman, díganos dónde se lo dejamos”, reconoció uno de los ladrones. Pensaban que iban a encontrar dinero, pero admiraban a Chirolita y cuando vieron que el botín era él lo devolvieron.

TRISTE, SOLITARIO Y FINAL
Fumador consuetudinario, Gamero había sido operado del corazón en la Fundación Favaloro en 1994 y desde entonces eran muy frecuentes sus visitas al Hospital Argerich (algunos médicos aseguraron que solía llegar acompañado por el muñeco). El 26 de abril de 1999 ingresó a ese nosocomio para hacerse un control, pero se le detectó un cuadro anémico y una cardiopatía severa que aconsejaron su internación. Allí estuvo casi un mes, hasta que tras una descompensación fue trasladado a la Unidad Coronaria. Casado dos veces y padre de dos hijos, René y Sandra, Mister Chassman murió el 20 de mayo de 1999, poco antes de cumplir 61 años, y con él también se fue Chirolita. El Dr. José Tarzibache, su médico de cabecera, afirmó por aquellos días: “Gamero estaba triste, se quejaba por la falta de trabajo. Todo eso lo llevaba a un gran estado de angustia y por ahí descuidaba su salud”. Su compañero de habitación en el hospital, Jorge Ruiz, contó que “no quería comer ni vivir, hasta Chirola lo había abandonado”. Otro paciente mencionó que Gamero le había confiado que se encontraba mal económicamente y, en broma, que Chirolita siempre le sacaba las mujeres.

UN DESTINO INCIERTO
Pocos meses después de la muerte de Chassman trascendió la noticia de que su viuda, Noemí “Mimí” Farias, tenía intenciones de subastar a Chirolita. “Varias personas me ofrecieron quedarse con él, pero nadie me garantiza que vayan a respetar su historia. A mí me entusiasmó la idea de hacer una fundación o armar un museo, pero me resulta impracticable. Y a medida que pasa el tiempo la parte emotiva vuelve a surgir. Y yo quiero cerrar un ciclo. Me llegaron a sugerir que lo enterrara junto a Chassman, una barbaridad”, declaró la viuda del ventrílocuo al periodista Alberto López Girondo.
Desde la desaparición de su “padre”, Chirolita descansa en la bóveda de seguridad de un banco. Su futuro es un misterio.
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Imagen: Mister Chassman y Chirolita (Fotode sexcitante.blogspot.com).
Nota tomada del periódico El Barrrio.