19 dic. 2010

La Casa del Pueblo


 (De Miguel Eugenio Germino)

La antigua ciudad de Buenos Aires se caracterizaba por ostentar en su damero ciertos “huecos”, nombre como se conocían entonces los actuales terrenos baldíos.
En el barrio de Balvanera uno de esos baldíos perduró durante muchos años en el sitio en que fuera inaugurada en 1927 la Casa Socialista, en Rivadavia 2150, cuyos dirigentes la erigieron como “Casa Del Pueblo”, título que ostentaba en su frontispicio con letras moldeadas en mampostería. En aquella elegante construcción funcionó la dirección del partido y su órgano oficial: La Vanguardia.
Incendiada y saqueada en 1953, permaneció en ruinas durante 21 años, debido al conflicto interno de dos de las facciones en que se dividió dicha agrupación hacia 1956. En 1974 fue demolida, quedando el baldío durante muchos años, que en la actualidad es ocupado por una rústica playa de estacionamiento; en el frente se pueden apreciar aún los restos de sus macizas paredes de concreto.
El Partido Socialista es fundado el 29 de junio de 1896 por Juan B. Justo, José Ingenieros, Mario Bravo y Roberto J. Payró entre otros dirigentes. Viene a ocupar junto al anarquismo un lugar en la lucha por las reivindicaciones de la naciente clase obrera, producto de la llegada a estas costas de la Revolución Industrial, que naciera en Inglaterra a mediados del siglo XVIII. En el socialismo conviven desde su fundación dos alas: la marxista y la reformista; en una primera división surgirá en 1918 el Partido Comunista.
En esos principios de siglo se produce la concentración poblacional en las grandes ciudades por el surgimiento de enormes establecimientos fabriles, que ocuparon con escasa seguridad y comodidad a miles de obreros, en extensas jornadas de 14 y hasta 16 horas diarias.
Socialistas, anarquistas y sindicalistas, en defensa de los trabajadores explotados, irrumpen en el chato panorama político de entonces dominado por el conservadorismo, promoviendo las primeras huelgas, con las que surgen las violentas represalias patronales apañadas por la policía, prácticamente a su servicio.
Con la corriente inmigratoria ingresa al país numerosa mano de obra, corrida por las condiciones adversas y las persecuciones políticas en Europa. Con ella ingresan las ideologías fundadas por Marx y Engels, y Bakunin, que rápidamente prenden en las castigadas clases sociales explotadas de fines del siglo XIX.
Ya en 1895, la incipiente población trabajadora ascendía a más de un millón y medio de almas, extendida en pequeños talleres y en el trabajo domiciliario a destajo. Esta es rápidamente absorbida por las grandes fábricas, y entonces deben alojarse en húmedas y estrechas habitaciones de conventillos, que crecen vertiginosamente en los barrios de San Cristóbal, Montserrat, San Telmo y Balvanera sur.
Al mismo tiempo se afianza y se consolida una oligarquía enriquecida con la apropiación de las tierras usurpadas a los pueblos originarios, tras la mal llamada Conquista del Desierto que encabezó Julio A. Roca.

LA CASA DEL PUEBLO
Tras un largo peregrinar por numerosos locales provisorios: sótanos, piezas de conventillo –como el de la calle Chile 1159–, y una antigua casa en Balvanera (México 2070), llegará la hora para el Partido Socialista de lograr su casa propia.
Compran el amplio terreno de Rivadavia entre Rincón y Pasco, vecino a la antigua rotisería “Bellagamba”, y frente a la boca de la desaparecida estación Pasco del subte “A”. Pagarán por el terreno 150 mil pesos de entonces, suma que recaudarán en base a colectas, rifas y festivales.
Con el ingreso al Parlamento de numerosos diputados socialistas, mediante una resolución interna éstos convienen en aportar la mitad de su dieta que era de $ 1.500 (buen dinero en aquel momento). Finalmente se levanta el edificio a un costo de alrededor de un millón de pesos moneda nacional.
El mismo constará de un subsuelo y tres pisos. En el subsuelo se instala la imprenta del diario La Vanguardia, en la cual se imprimirá además casi toda la propaganda partidaria y publicaciones gremiales.
En la planta baja funcionará la librería, la redacción y la administración, además de un bufet. En el primer piso se instalará una biblioteca obrera con más de 120.000 volúmenes, y un salón de actos, que extiende sus galerías hacia el segundo piso.
En el tercer piso funcionarán las oficinas de la Junta Ejecutiva y de las distintas comisiones.
El día de su inauguración, el 23 de enero de 1927, el frente ostentaba el clásico pabellón rojo del proletariado universal, y su salón de actos estaba colmado por más de 2.000 militantes que cantaban La Internacional, ejecutada por una orquesta de 60 profesores. Seguidamente se escucharon los encendidos discursos de Juan B. Justo y Nicolás Repetto; fue una jornada inolvidable para la agrupación del clavel rojo y el puño en alto.

EL FATÍDICO 15 DE ABRIL DE 1953
Tras la abortada intentona golpista de 1951 del general Benjamín Menéndez, el país comienza a vivir un clima de dificultades económicas, y el gobierno peronista es acosado tanto por la oposición como por los diarios, produciéndose como contrapartida la expropiación del diario La Prensa.
Este hecho provocará más intensas críticas de la oposición, acuñándose el rótulo de “contreras”, intensificadas por la detención de algunos dirigentes.Así se llega al fatídico 15 de abril, con un multitudinario acto en la Plaza de Mayo, en el que Perón habla desde los balcones de la Casa Rosada a una plaza colmada. Pero al promediar el discurso se produce un atentado: una primera bomba, de 50 cartuchos de gelinita, explota en un hotel ubicado a metros de la plaza, sobre una calle lateral.
Perón interrumpe su discurso diciendo: “¡Compañeros!, éstos son los mismos que hacen circular rumores todos los días, parece que se han sentidos más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba…”.
En ese instante explota una segunda bomba, más poderosa que la primera, de 100 cartuchos de gelinita, ésta en la estación subterránea terminal de Plaza de Mayo. Se producen 6 muertos y más de 90 heridos, 19 de ellos mutilados. Entonces se desata la furia, las corridas y comienza el ulular de las ambulancias.
La multitud reclama: “Leña, leña…”; en los días subsiguientes detendrán al radical Roque Carranza (años después sería Ministro de Defensa del presidente Raúl Alfonsín), al demócrata progresista Carlos González Dogliotti, a Miguel de la Serna y Rafael Douek, que fueron condenados por la Justicia y amnistiados por el presidente Perón en 1955. Los condenados han sostenido que las confesiones fueron hechas bajo tortura, aunque con posterioridad González Dogliotti reconoció haber puesto las bombas, pero aclaró que sólo eran bombas de estruendo y que los muertos y heridos fueron consecuencia de la estampida de la multitud a causa del terror. (Aquel día murieron Santa Festigiata de D’Amico, Mario Pérez, León David Roumeaux, Osvaldo Mouché y Salvador Manes).
En el año 2008 el diputado peronista Carlos Kunkel implicó también en aquellos hechos al abogado y periodista Mariano Grondona, quien lo había reconocido en uno de sus programas televisivos: “Hora Clave”.
Aquella noche del 15 de abril de 1953 se desatarán los demonios, cuando militantes peronistas se lanzan a las calles al grito de “leña, leña…” en busca de venganza.
La Casa del Pueblo, el Jockey Club y la Casa Radical son incendiadas, llevando la primera la peor parte, al quedar el edificio prácticamente en ruinas, la biblioteca quemada, además de abundante documentación. Los escasos dirigentes que se hallaban en aquel momento en el inmueble, ante la negativa policial de auxiliarlos, debieron escapar por los techos para salvar el pellejo. Sin embargo, felizmente aquella noche, a diferencia de la tarde en Plaza de Mayo, no hubo que lamentar muertos.
La gravedad del deterioro de la Casa del Pueblo hizo imposible su recuperación, postergada además por el surgimiento de nuevas divisiones en aquel tronco socialista, que se fraccionó en 1956 en dos sectores antagónicos: el Partido Socialista Democrático y el Partido Socialista Argentino. Ambos se disputaban la propiedad del inmueble, en un litigio que recién terminó en 1974 con su demolición.
El lugar permaneció muchísimos años como baldío; abandonado hasta la actualidad está tapiado y cubierto de carteles de publicidad. Nada indica que allí hubiera estado alguna vez la mítica Casa del Pueblo, que en su corta vida de dos décadas y media concitó trascendentes eventos políticos, como en 1931, cuando fue sede del congreso que aprobó la alianza Socialista-Demoprogresista con el impulso de Lisandro de La Torre, y en 1936, cuando se convirtió en un centro de solidaridad para con la República Española.
Sus paredes vibraron con los resonantes discursos y los apasionados debates de dirigentes como Mario Bravo, Juan B. Justo, Alfredo Palacios, Enrique y Adolfo Dickman y Nicolás Repetto, en una época de encendidas piezas oratorias.
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FUENTES:
-Diario La Razón, 19 de junio de 1974.
-Fascículo 12, Ediciones Siglo XX, Diario La Nación – Segunda Presidencia de Perón.
-http://es.wikipedia.org/Quema_de_locales_de_opositores_del…
-http://es.wikipedia.org/wiki/atentado_terrorista_en_la_plaza_de_Mayo
http://es.wikipedia.org/wiki/Quema_locales_de_opositores_15_abril_1953_en_Argentina.
-http://www.taringa.net.prost/ciencia/historia-argentna.html
-Paso, Leonardo, Historia de los partidos políticos en Argentina, Editorial. Cartago, Bs. As., 1974.

Imagen: Frente de la Casa del Pueblo, tal como quedó luego de haber sido incendiada por  los peronistas el 15 de abril de 1953.
Material tomado del periódico Primera Página, diciembre de 2010.