25 dic. 2010

La proyección de un impulso


(De Joaquín Gómez Bas)

Si la existencia de una institución determinada, sea de arte, de ciencias o de enseñanza, cobra prestigio, se construye entonces en un personaje que se levanta y se impone sobre la estructura del barrio que la sostiene y no pocas veces su sombra se proyecta más allá de los límites que le pertenecen.
La Agrupación de Gente de Arte y Letras “Impulso”, establecida en un humilde caserón de la Boca, en una calle oscura y de poco tránsito, condensa el orgullo de los socios integrantes y marca un punto de relieve para los visitantes de la zona portuaria.
La agrupación nació en el estudio de Fortunato Lacámera. A José Pugliese, uno de los poetas propiciadores, se le debe su nombre. Auspiciaron su creación y el bautizo los artistas Arturo Maresca, José Luis Menghi, Pascual Ragno, Mateo Scagliarini, Carlos Porteiro y Antonio Carotenuto. El 3 de marzo de 1940. Desde entonces desarrolló una actividad que se concreta en más de trescientas exposiciones de pintura y otras tantas conferencias.
Su sede está instalada en una humilde casa, pero difícil imaginarse que lo sea tanto. A pocos pasos de Almirante Brown, la desigual vereda de la calle Lamadrid lleva hasta su puerta, un encuadre de luz blanca en un frente de chapas de cinc. Apenas atravesada, sin vestíbulo alguno, estamos en el salón. De techo bajo, unas luces fluorescentes iluminan las paredes forradas de arpillera, sobre las que colgaron sus telas los artistas de más renombre. En medio centenar de sillas no del todo cachuzas se acomoda el público para bostezar las conferencias. A continuación, la trastienda, oficina y depósito de cuadros. Y eso es todo.
Pero en este reducido espacio se hizo una obra de divulgación artística notable. A pulmón  puro. Sin dádivas ni subvenciones. Con el único aporte de la cuota de sus socios y el apoyo de sus protectores.
Figuras de popular trascendencia contribuyeron a prestigiarla. En el entablado que ocupa un rincón de la pequeña sala disertaron Ramón Gómez de la Serna, González Carbalho, Rojas Paz, Fernández Moreno, Rafael Alberti, Arturo Lagorio, Vicente Barbieri, el Vizconde de Lascano Tegui, Horacio Rega Molina, Conrado Nalé Roxlo y otros de no menos resonancia. Y quizá no exista pintor de mérito, desde la generación de Quirós en adelante, que no haya participado en las muestras realizadas.
Su anecdotario se renueva constantemente. “Impulso” viene a ser el protagonista de una película sin término cuyo argumento está formado por pequeñas cosas, palabras sueltas, recuerdos, episodios risueños y emotivos. Por ejemplo, cuando al memorizar los días de su iniciación surge la referencia de su primera y única silla, que tenía un asiento de madera terciada con un paisaje en el reverso pintado al óleo. O el de su primer escritorio, adquirido por treinta y cinco pesos y pagado en distanciadas cuotas.
Como corresponde a toda institución que se respete, “Impulso” concede a las personalidades de paso y a los artistas expositores un galardón conmemorativo. Se trata de la Pipa Marinera, símbolo sencillo y quebradizo inspirado en un poema de Francisco Póliza, y que en cuanto a valor moral y jerarquía de distinción codiciada está a la misma altura del Tornillo de Quinquela y la medalla del Ateneo de la Boca.
Sábado tras sábado, agrega un tramo al itinerario de su historia. Muchos de los que ayudaron a su engrandecimiento se han ido. Pasaron, pero perdura vivo el ejemplo de su entusiasmo. Al amparo de su recuerdo se trabaja, haciendo cada vez más nítido el contorno del edificio propio. Cuando sea visible por macizo, nada añadirá a los méritos que hoy consagran a “Impulso” como refugio señero del arte y de la poesía.
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Imagen: Logotipo de la Agrupación de Gente de Arte y Letras “Impulso”.
Trabajo tomado del libro: Buenos Aires y lo suyo, editorial Plus Ultra, Bs. As., 1976.