30 dic. 2010

Tríptico de Chiclana


(De Mario Keegan)

I: La geografía

Parda y leve marea de losas desparejas.
Garay el burgalés te sesga desde el vamos.
Florencio Sánchez, triste, se inclina y piensa tangos.
Las glicinas le cuelgan al viento glosas viejas.

Tu plazoleta apaña cuatro verdes guedejas
para que los mocosos troten como gamos.
Barriletes perdidos bailotean fandangos.
Zaguanes que apenumbran pretéritas consejas.

Al llegar a Boedo casi levantas vuelo:
De Caro, Maffia y Manzi usan para orquestarte
abandonados rieles y claves de adoquines.

Los charcos que de a ratos se disfrazan de cielo,
el cuco de cemento que pugna por tragarte,
y un taconear que sube de allá, de los confines…

II: El habitante, ayer y hoy

Todavía guardaba un claroscuro
de amenaza, de naipe, de guapeada.
Su traspié tenía visos de pechada
y su andar caviloso, poco apuro.

Cierto vestigio apenas de aquel duro
abuelo, puro faca y guarangada.
La ciudad hizo trampa en la carteada
y en un estaño le ganó el futuro.

Hoy se ha puesto overol. No toma caña.
El silbo en dos por cuatro sólo a ratos
asoma entre los ruidos del quehacer.

Mientras el sol con su dorada saña
ahuyenta las leyendas y los gatos,
y las sombras, y el frío, y el ayer…

III: La vivencia

Calle del Sur, querida calle triste,
lágrima adentro busco tus facciones
en este atardecer de caserones
cuando el azul del ángelus te viste.

Fuiste la amada adolescente. Fuiste
como un simple preludio de malvones.
Copa humilde de valses y balcones
con silencio de novia te rompiste.

Ayer cantabas tu percal risueño:
nadie pensaba en este gris mañana,
bastón abandonado por su dueño.

Hoy eres forma en piedra de la sombra,
pero vive en mi pulso una campana
que te nombra, Chiclana, que te nombra…
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Imagen: Estatua de Florencio Sánchez de Agustín Riganelli en su antiguo emplazamiento de Chiclana y Deán Funes.