20 dic. 2010

"Villa Real, la cumbre máxima de Buenos Aires"


(De Carlos José Micko)

Villa Real nació con la habilitación de la estación del Ferrocarril de Buenos Aires al Pacifico, en 1909. Ese mismo año comenzó el fraccionamiento de sus tierras, creándose un centro urbano en progresiva urbanización y dando lugar a uno de los barrios más pequeños de la ciudad.

El eslógan que nos sirve de título encabezaba, allá por los años del Centenario, un folleto de remate. Se vendían, por entonces, las tierra de Villa Real. Pero viene al caso que se pregunte el desprevenido lector: “¿Dónde queda Villa Real?”.
La ubicamos en el noroeste porteño, sobre un vértice de la avenida General Paz. Es uno de los barrios más pequeños de Buenos Aires, que nació a raíz de la habilitación de una estación ferroviaria sobre el antiguo ramal que unía Sáenz Peña –del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, hoy San Martín–  con Villa Luro –del Ferrocarril del Oeste, actual Sarmiento.
Sus límites, que se han mantenido inalterables desde su creación, están dados por las siguientes arterias: la avenida General Paz, Lope de Vega, Baigorria, Irigoyen y Nogoyá. Su altura máxima sobre el nivel del mar alcanza los 37 m en la intersección de Víctor Hugo y Vicente Anastasio de Echevarría.
Manuel Bilbao cuenta que “siguiendo la línea de Liniers a Villa Devoto, poco poblado aún, se ven chacras de verduras. Se encuentra en ese camino, en Monte Castro, el almacén 'La Figura', conocido a largas distancias por este nombre”. Lo encontrábamos por entonces, muy deteriorado, en la esquina de San Roque –hoy José Pedro Varela– y Lope de Vega, en un inmueble que en 1909 era utilizado como imán en los avisos publicitarios para las primeras ventas de tierras en la zona.
Continuando por Lope de Vega, ya en el extremo del Municipio, en su cruce con el Camino Real (Asunción-ruta a Pilar) se encontraba el almacén de Cervetto, lugar de despacho de bebidas que contaba, además, con corrales para hacienda, donde los troperos hacían noche para luego continuar hacia los Nuevos Mataderos.
El doctor Norberto Piñero, que fuera ministro de Hacienda de Figueroa Alcorta y Roque Sáenz Peña, era por esos años propietario de tierras en la zona y una franja de ellas la adquirió el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico para tendido de sus rieles, edificando en la zona la estación más importante del ramal, la que sobrevivió hasta 1995 en las manzanas limitadas por las calles Tinogasta, Irigoyen, José P. Varela y Bruselas. En relación con el nombre de la misma, diremos que, con fecha 8 de marzo de 1909, la empresa ferroviaria efectuó un pedido para que a la misma se le asignara el nombre de Villa Real, en razón de existir, en las cercanías, una quinta con igual denominación. Esta sugerencia fue aceptada por el Ministerio de Obras Públicas diez días más tarde.
El 16 de septiembre del mismo año comenzó a funcionar este ramal, tanto para el transporte de pasajeros como de carga, siendo utilizado por el Ejército Argentino para hacer llegar leña y forrajes a los regimientos acantonados en Ciudadela, distante un kilómetro.
En octubre de 1909, el rematador Félix Lora comenzó el fraccionamiento de tierras, vendiendo la casi totalidad de los lotes que sacó a la venta.
Dos años más tarde se fundó la Comisión Unión Vecinal con el propósito de asegurar los servicios municipales a los vecinos, centrando su preocupación  sobre la seguridad y la educación. Con relación al primero de estos temas, se consiguió que se destinara un agente permanente en la estación. En cuanto a la educación, se obtuvo la creación, en 1916, de la primera escuela, que ocupa una propiedad del doctor Vaquer en la calle Simbrón 5441 (hoy demolida). La misma contaba con dos grados y recibía alumnos de lugares distantes, tanto de Capital como de la provincia. Nos relata Lorenzo Ferrari, nativo de la zona y alumno de aquella época, que muchos niños llegaban a caballo. La primera directora de esa escuela fue Natividad E. de Leonhart, a quien secundó como maestra de grado Teresa Ibáñez.
A diferencia de otros barrios creados a la vera de las vías del ferrocarril, Villa Real no contó desde su misma creación, con plaza principal e iglesia católica; habrían de pasar muchos años para que estos logros aparecieran en la Villa. Por entonces, sólo había en la zona quintas de verduras y frutas y hornos de ladrillos, cuya producción resultaba insuficiente, en razón de que día a día se construían  nuevas viviendas. La preocupación de tener casa propia para dejar los incómodos inquilinatos, hizo que rápidamente la zona fuera poblada por numerosos inmigrantes, aun considerando lo lejana que estaba del centro de la ciudad.
En 1915 se fundó la Sociedad de Fomento “25 de Mayo” que, una década más tarde, fue reorganizada, instalando su sede en Cortina 2150. Era la preocupación de sus dirigentes la iluminación de la vía pública y la instalación de pasos de piedra, ya que por entonces no había calles empedradas.
Su arteria más importante fue San Roque, hoy José Pedro Varela, y por ella hacían su ingreso a Buenos Aires las tropas provenientes de los cuarteles de Ciudadela; hacia 1931 quedaban varias fracciones de terreno en las cercanías  de la avenida Tres Cruces –hoy Francisco Beiró– y Lope de Vega; esta facilidad fue aprovechada por la empresa Societá Anónima Tabacchi Italiani, que adquirió dos manzanas; sobre una de ellas edifico la magnífica fábrica de toscanos y cigarros Reggia Italiana y Brodway, respectivamente, dando trabajo a más de 1.200 personas, en su mayoría mujeres, entre las que predominaban los italianos o hijos de éstos.
La fábrica se mantendría por más de treinta años y, posteriormente, una firma dedicada a la comercialización de comestibles adquirió el predio, pero en la noche de 23 de diciembre de 1996 el mismo fue destruido por un incendio. Muchos vecinos, descendientes de aquellos trabajadores congregados en las cercanías, veían con nostalgia cómo desaparecía una fábrica emblemática para el barrio.
La avenida Tres Cruces se cortaba en Lope de Vega, aún cuando estaba proyectada hasta la avenida General Paz, habilitación que “será un acontecimiento de vital importancia para el crecimiento del barrio, ya que será una vía más directa con localidades vecinas y, de esta manera, se alentará el crecimiento del comercio sobre esta arteria”, leemos en un periódico de aquellos tiempos. La circulación de vehículos, a y desde la provincia, se hacía por Asunción, cruzando los terrenos sobre los que, pocos años después, se construiría la avenida General Paz.
Para esta época se abrió otra escuela, la segunda, que se instala en Porcel de Peralta 1437. Mientras tanto, y en razón del escaso caudal de pasajeros que utilizaba los servicios del Ferrocarril Pacífico y ante la exigencia de Vialidad Nacional de que la empresa ferroviaria construyera un puente para salvar la avenida General Paz, que en esa zona corre en trinchera, se decidió suspender los servicios del ramal, levantando las vías.
Pero ello no tuvo una incidencia negativa en los pobladores, ya que Villa Real contaba por entonces con numerosos medios de transporte que la unían con Plaza de Mayo, Retiro, Constitución, etcétera, a los que se agregaban los servicios de brecks que llegaban a Liniers, tan cerca…, pero tan lejos, ya que había que transitar calles de tierra en día normales, pantanos en épocas de lluvia al vadear el arroyo Maldonado, aún sin  entubar.
Hacia 1940, la zona se iba poblando sin pausa, reduciéndose la presencia de quintas y baldíos; ya no había hornos de ladrillos y se realizaba el último gran remate que cubrió la superficie limitada por Lope de Vega, Pedro Lozano, Víctor Hugo y Baigorria. Pero aún seguían lejos el asfalto, las cloacas y los teléfonos. Sólo algunas calles estaban pavimentadas, utilizándose para la circulación de líneas de colectivos. Varias manzanas fueron cortadas para abrir pasajes por su centro, lo que si bien reducía las dimensiones de los lotes, a raíz de sus precios más bajos eran más fáciles de vender.
Comenzaron a aparecer los clubes que permitían la práctica deportiva, en especial del fútbol. Nacieron el "Villa Real" (1930), "Amanecer" (1932), "Jorge Newbery" (1942), "Ciclón de Devoto" (ya desaparecido) y numerosos equipos integrados por aficionados de las “barras” esquineras, los que lograron armar importantes duelos deportivos en las canchas que se fueron construyendo sobre los terrenos que dejó libre el ferrocarril. Justamente en 1942 ya no quedaban rastros del ramal ferroviario y sólo se mantenía la querida estación en el predio de dos manzanas que serviría de “cementerio” de colectivos incautados y como garaje de algunas líneas de la Corporación de Transporte.
En el aspecto espiritual, Villa Real siguió careciendo de iglesia católica; los fieles concurrían a los barrios cercanos. La iglesia de San Rafael, en Villa Devoto, y la de Nuestra Señora de la Salud, en Versalles, fueron los templos preferidos. El 12 de octubre de 1944 se fundó la Misión Evangélica en la calle Tinogasta 5345, la que finalmente se instaló en la monumental Iglesia Transparente construida en terrenos que fueron adquiridos al ferrocarril (Tinogasta al 5800), junto a la cual se erigió la Escuela Cristiana Evangélica Argentina.
En Villa Real no existió una colectividad predominante, siendo mayoría los italianos, españoles, portugueses y eslovenos. Estos últimos fueron quienes llevaron a cabo la construcción de una institución deportivo-cultural llamada "Triglav". Los judíos, en reducida proporción, concurrían a una sinagoga cercana, localizada en Villa Devoto.
Los espacios verdes, como las plazas, aún no existían, pero la cercanía de la avenida General Paz era la solución para disfrutar del fresco de sus árboles, así como de las soleadas tardes de primavera.
En 8 de enero de 1953, a las 18 horas exactamente, el barrio se vio envuelto en un manto de dolor y luto: el vuelco de un colectivo repleto de pasajeros transformó esa jornada en la más trágica en la historia del barrio. Murieron diecisiete personas carbonizadas, como consecuencia del incendio que siguió al vuelco.
La primera plaza, hoy parque, se denominó "Juan B. Terán", en homenaje al gran jurista tucumano, fundador de la Universidad en su ciudad natal. Fue inaugurada el 30 de diciembre de 1956, ocupando las mansas limitadas por las calles Nogoyá, Coronel Olegario Gordillo, Melincué y Juan Esteban Martínez.
A pesar de que ningún tango nombra explícitamente al barrio, ni siquiera aquel sobre los cien barrios porteños que cantaba Alberto Castillo, Villa Real contó con reductos donde famosas orquestas tocaron en recordados bailes semanales. Basta recordar como ejemplo las jornadas tangueras organizadas por el club "Amanecer" en su vieja sede de Francisco Beiró 5500; o el bar “Los Bohemios”, ubicado en el 5417 de la misma avenida. En este último hizo sus primeras armas el imitador Alfredo Barbieri y actuaron numerosos cuartetos y cantantes de la época.
El fútbol nos dejó nombres como Falconi, técnico de reconocida trayectoria; Estrada –ex Boca–, Carlos Bianchi, Omar Wehbe, Martínez –Real Madrid y selección de España –, etcétera. En ajedrez se destacó Bernardo Wexler, quien fuera campeón argentino en 1957, mientras que en ciclismo lo hizo Mario Spaggiari, triunfador en la Doble 9 de Julio.
También deben mencionarse algunas personalidades que nacieron o vivieron en Villa Real, como la ex presidente de la Nación, María Estela Martínez de Perón, el ex intendente de Buenos Aires, Osvaldo Cacciatore y la escritora Aída Bortnik.
En 1971, Villa Real ya no tenía calles de tierra, el asfalto cubría todas sus arterias, habían desaparecido los pasos de piedra y los zanjones, mientras la población disfrutaba de los servicios de teléfono, cloacas y gas desde hacía algunos años.
En 1988, se habilitó la propia iglesia católica, ubicada en la esquina de José Luis Cantilo y Espronceda, puesta bajo la advocación de Nuestra Señora de Fátima.
Un año más tarde, el 25 de mayo, un decidido grupo de vecinos derribó el muro que cortaba la calle Simbrón a la altura de Irigoyen, solicitando ese predio que había dejado vacante el viejo ramal ferroviario, para que se construyera una plaza, manteniendo el edificio histórico de la vieja estación que diera nacimiento al barrio. Pero esto no fue posible: las tierras se vendieron y, en 1995, la piqueta dio por tierra con la estación, levantándose en el lugar un barrio cerrado, el único de la zona. En la manzana siguiente se construyó una plaza que recibió el nombre de “Villa Real”.
El barrio no cuenta con hospital, comisaría ni cuartel de bomberos, servicios éstos que son atendidos desde los barrios vecinos, aunque dispone de un  importante centro comercial y financiero en las cercanías del cruce de Lope de Vega con Francisco Beiró.
Pero tiene un museo único en su género: el Museo del Autómovil de la Ciudad de Buenos Aires. Su monumental edificio se alza en Irigoyen 2263, conservando en su interior una importante colección  de autos particulares y deportivos, lo que ha motivado que cuente con un reconocimiento internacional.
Hoy se puede decir que Villa Real es un barrio residencial, no porque cuente con magníficas mansiones –que de hecho no las tiene– o por la antigüedad de sus construcciones, sino por el cariño y amor que sus vecinos brindan a sus calles e instituciones. Sin duda es un barrio con proyección de futuro pero que no olvida su pasado ni su historia.
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Imagen: La vieja estación Villa Real –hoy desaparecida– que dio origen al barrio.
Nota tomada de la revista Historias de la ciudad, junio de 2008.