31 ene. 2011

Casas antiguas en el Sur


(De Luis Alberto Ballester)

Internarse en el vivo dédalo del Barrio Sur, equivale a una recuperación lírica del tiempo ido. Para el transeúnte de abierta sensibilidad todo habla un idioma preciso, aunque sea un lenguaje de bruma, de madera, de fachadas y rejas: unos labios de niebla y gasa se entreabren y nos cuentan la historia humana del Barrio Sur. En este itinerario el paseante descubre algunas casas que destilan una atmósfera galante y antisolemne, de candelabros y rigodones, de atardeceres de un azul oscuro que poco a poco se apagaban sobre las baldosas del patio.
En Defensa 1344 se alza una casa colonial, cuya fachada reconstruida es similar a la original. En una placa leemos que el edificio data de 1785 y fue habitado por José Antonio de La Palma y Lobatón: todavía presencias impalpables vagan por los cuartos como una luz lírica y tierna.
En esta casa funciona hoy la Fundación de San Telmo. Seis habitaciones vastas ahondan el edificio, conectado con plausible belleza con el girar de los elementos. Sobre las paredes encaladas se inclinan los viejos techos, surcados por gruesos travesaños de madera. Un recuerdo de sedas y tambores nace espectral en los cuartos; desde los espejos desaparecidos nos miran rostros que ya no existen.
Dos patios amplios invitan a mirar un cielo por fin infinito, dilatado. En el primero se recorta un aljibe de mármol, en cuya base se insinúan ornamentos en forma de hojas y valvas. Las puertas de entrada de la casa son de una densa madera verde, y el zaguán finaliza en una postrera verja de hierro, exactamente reveladora, de líneas delicadas, huidizas, como cinceladas en agua.
El paseante descubre más allá de esta calle la cortada San Lorenzo, y en el número 380 la casa más angosta de Buenos Aires. Su fachada juncal brilla blanca, y en su parte superior pende un balcón que germina una soledad plena, un territorio de sueños y delirios. Y luego en Balcarce y Carlos Calvo otros edificios remotos, antiguos, horadados por ventanitas invadidas por plantas. Entonces, la tarde del Barrio Sur golpea los vidrios altos de una casa y se transforma en infinitas tardes.
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Imagen: Acceso de entrada a la Fundación San Telmo. 
Tomado de Revelación de Buenos Aires, Torres Agüero Editor, Bs. As., 1985.