31 ene. 2011

Juegos infantiles en la barranquita de la Quema


(De Ángel O. Prignano)

La Usina Incineradora de Basuras de Flores, popularmente conocida como “la quema de Flores”, fue puesta en funcionamiento el 19 de abril de 1928. Tenía portón de entrada por San Pedrito 1489 y se mantuvo activa destruyendo los residuos de todo el oeste porteño por casi medio siglo, hasta diciembre de 1976. Ocupó un extenso terreno con una barranquita que bajaba hacia la avenida Lafuente, donde un gran portón de hierro se habría para el paso del convoy cenicero, una maquinita con tres o cuatro vagones donde se transportaba las cenizas y escorias producidas por la cremación de basuras. Tales materiales servían para el relleno de las tierras inundables del cercano bañado y las calles del barrio con bajas cotas de nivel.
Pasados unos pocos años de la inauguración de la Usina, la zona circundante se fue urbanizando hasta formarse un compacto conglomerado de casas de familia. Entonces se alambró todo el perímetro del predio donde había sido edificada con el fin de evitar la entrada de gente extraña a la planta. Pero siempre existió algún “estratégico” agujero en el tejido por donde se introducían los pibes del barrio, sobre todo por el frente que daba a la calle Lafuente que estaba menos vigilado. Ellos ingresaban en esa “zona prohibida a toda persona ajena” para deslizarse por un terraplén que, dadas las características topográficas de la zona, había quedado en el interior del predio. Lo hacían sentados en un viejo guardabarros de algún Ford o Chevrolet que recogían previamente en el vaciadero de basuras ubicado en las proximidades de la calle Lafuente y las vías del ramal al Riachuelo del Ferrocarril del Oeste, por donde hoy corre la svenida Perito Moreno. El guardabarros se invertía y era utilizado a manera de trineo, pero antes debía acondicionarse la “pista”. Para esto último, los chicos orinaban abundantemente su recorrido facilitando así un deslizamiento más rápido. Este corto viaje, que se iniciaba en la parte más alta, terminaba a menudo con algunos raspones si los precoces conductores no atinaban a tirarse a un costado antes de que los frenara el alambre tejido. No sólo guardabarros abollados y oxidados servían a estos fines, sino también otros tipos de elementos, como “chatas” enlozadas de hospitales, palanganas y recipientes parecidos que también se conseguían en el cercano basural. Eran años en que los juegos callejeros estaban a la orden del día y la inventiva infantil tenía un papel protagónico. Otras épocas, otras calles.
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Imagen: Antonio Berni: Juanito Laguna durmiendo la siesta.