23 feb. 2012

La escultura de la Madre Teresa de Calcuta


(De Miguel Ruffo)

En más de una oportunidad nos hemos referido al Parque Lezama y afirmamos que puede ser pensado como el “parque fundacional” de la Ciudad de Buenos Aires, si tenemos en cuenta el simbolismo que se desprende de sus monumentos y esculturas. Volvemos una vez más a este sitio, pero en esta oportunidad para formular una crítica. En 2003 se emplazó en el parque la escultura a la Madre Teresa de Calcuta. Fue esta notable religiosa una activa misionera en la India. Pero su actividad no se relaciona con la fundación de Buenos Aires ni con las ciudades que desde la antigüedad “preanunciaban” sus fastos.
Consideramos que con esta escultura se quiebra el sistema de signos que caracterizan al Parque Lezama. Es cierto que podría decirse que la conquista y colonización española tuvieron una dimensión misional (por lo menos en la perspectiva de la historiografía revisionista) pero consideramos que establecer una relación orgánica entre ambos fenómenos sería muy sutil por no decir rebuscado.
Sin embargo no todos piensan así: “El caminante cruza el Parque Lezama, de inspiración, pongamos italiana. Tanto, que allí estaban Rómulo, Remo y la Loba. Como los niños han sido robados, queda la loba con un cable enredado bajo las ubres a reventar. Es una escultura, al menos desconcertante, la loba es en realidad una hiena con las orejas recortadas a la moda pitbull, muy bajo el cuarto trasero, un animal horrendo. Algo más allá, diez metros hacia una zona del parque que balconea sobre juegos de madera para niños, lindos, una estatua de Teresa de Calcuta, de bravo realismo, la propone en tamaño natural y color yeso viejo. La monja diminuta parece buscar a los desgraciados de la Tierra para seleccionarlos como a frutos moribundos y llevarlos a un refugio final. No están allí, sin embargo. Aunque se empecine, la ciudad todavía no los ofrece: quedan los restos del naufragio.” (1)
Entiéndase bien: no estamos cuestionando que en la ciudad exista una escultura a la Madre Teresa, sino el lugar de su emplazamiento. Buenos Aires tiene monumentos dedicados a personalidades extranjeras y no vemos el motivo por el cual no pueda tener el que nos ocupa. Por otro lado la Madre Teresa tiene muy bien ganados lauros para tener una escultura pública (independientemente de sus valores plásticos). “La gente de la Madre Teresa son los pobres de entre los pobres, ya estén en la India, donde comenzó su obra, o en los países ricos del mundo en los que dicha obra se ha difundido. 
Su obra, en la que trabaja un número cada vez mayor de Misioneros de la Caridad, consiste en prestar ayuda y amor donde hay necesidad de ello. Los hermanos y hermanas de la Orden trabajan actualmente en los ghettos de Nueva York, en los barrios bajos de Londres, en Australia, en Latinoamérica y a la sombra del Vaticano, por personal petición del Papa (Juan Pablo II). La Madre Teresa sostiene que el sufrimiento de los pobres en los países ricos tiene un carácter más punzante de soledad y de rechazo. En la India, los fuertes lazos de la familia, la religión y la tradición contribuyen a aminorar los rigores de la pobreza, aunque esta sigue siendo un producto de la historia, la geografía y la explosión demográfica. […] Sin la Madre Teresa no habría habido Misioneros de la Caridad, del mismo modo que sin Calcuta no habría habido Madre Teresa. […] Calcuta, en otro tiempo conocida como Ciudad de los Palacios, a causa de sus pretenciosos edificios públicos y sus lujosas residencias privadas enclavadas en el medio de hermosos jardines, ha sido siempre una ciudad problemática. […]
Los antiguos relatos de viajes, aunque elogian el espíritu y la belleza de Calcuta, raramente dejan de mencionar la sucia y miserable ciudad de casuchas y chabolas que crecieron como hongos en torno a la Ciudad de los Palacios.” (2)
La Madre Teresa hizo de la caridad, como virtud cristiana, el eje de su trabajo entre los más pobres de los pobres: leprosos, moribundos, desahuciados, desocupados. Pero así como en Calcuta estaban los palacios y las chabolas (las casuchas miserables); Buenos Aires tiene una larga tradición de contrastes entre las viviendas de la oligarquía y las de las clases trabajadoras. En la época de la economía agroexportadora, cuando la burguesía terrateniente construía sus mansiones y palacetes en la avenida Alvear y en sus estancias, muchos inmigrantes proletarizados se hacinaban en conventillos (muchos de ellos antiguas casonas de la elite). Con la crisis del 30 surgió en Buenos Aires la primera “villa miseria” y con el transcurso de las décadas y merced a las políticas neoliberales, se afianzó la miseria de vastas clases trabajadoras y por consiguiente las villas miserias crecieron y los barrios marginales. Con otra perspectiva ideológica y para otros tiempos, Federico Engels señalaba: “Toda gran ciudad tiene uno o más 'barrios feos' en los cuales se amontona la clase trabajadora. A menudo, a decir verdad, la miseria habita en callejuelas escondidas, junto a los palacios de los ricos; pero, en general, tiene su barrio aparte, donde desterrada de los ojos de la gente feliz, tiene que arreglárselas como pueda”.(3)
Marx, Engels y Lenin, cifraban sus esperanzas en una revolución proletaria para poner fin a la miseria. La Madre Teresa centró su atención en la caridad. Y es éste el principio que nos recuerda su escultura.
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Notas:
(1) “Paisajes Mentales: El Toque Mactas” en http://weblogs. www.clarín.com 5/1/2012.
(2) DOIG, Desmond; Madre Teresa de Calcuta. Su gente y su obra, Sal Térrae, Santander, 1976, pp. 11-27.
(3) ENGELS, Federico; La situación de la clase obrera en Inglaterra, Ediciones Diáspora, Bs. As., 1974, pp. 46-47.

Imagen: La Madre Teresa, escultura erigidas en el Parque Lezama.
La imagen y el texto fueron tomados del periódico Desde Boedo (Febrero 2012).